
Um extenso documento, Ética, Vida e Sustentabilidade,
interessante para os interessados em ética, no geral, e em ética ambiental, em particular. (o que me leva a uma extensa entrada, hoje)
Recomendo três artigos, em especial:
Desarrollo sustentable: principios éticos para “hacer que las cosas pasen”
Oscar Motomura
que apresenta 10 princípios, e explicita-os:
Principio 1: ética de la acción efectiva
Principio 2: ética de la intención-verdad
Principio 3: ética del respeto genuino
Principio 4: ética del conocimiento
Principio 5: ética de la integración del tiempo
Principio 6: ética de la restauración
Principio 7: ética de la intuición
Principio 8: ética de lo natural
Principio 9: ética de la vida
Principio 10: ética del bien común
Ética y desarrollo humano: una contribución al diálogo y al análisis
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Onde são visiveis as influênias de A. Sen e Martha Nussbaum.
Integrar la dimensión ética en el debate actual sobre el desarrollo significa integrar la reflexión ética en la concepción de la idea del desarrollo y en la manera de pensar y orientar las prácticas de sus actores.
(…)
El Desarrollo Humano es el proceso de ampliar las opciones de la gente, ampliando los funcionamientos valiosos y las capacidades humanas. Esto representa un proceso y también un fin último. Los logros o funcionamientos valiosos son elementos constitutivos del bienestar, lo que una persona puede ser o hacer. Las capacidades son las distintas combinaciones de los logros y definen las oportunidades reales de bienestar (Sen, 1999).
Las tres opciones esenciales de la gente son: vivir una vida sana y saludable, tener acceso al conocimiento y a la educación y a los recursos necesarios para lograr una vida decente.
(…)
Pero el foco del desarrollo humano es más amplio, busca ampliar las opciones políticas, sociales y económicas, para que se aseguren la participación, la libertad de oportunidades y la garantía de los derechos humanos. De este modo, busca que el ser humano pueda ser creativo y productivo y disfrutar de autorrespeto y de sentido de pertenencia a una comunidad.
Las capacidades reflejan la libertad de alcanzar varias combinaciones alternativas de funcionamientos. El desarrollo humano es libertad: “La expansión de la libertad es vista, en este enfoque, tanto como el fin principal como el principal medio del desarrollo. El desarrollo consiste en la eliminación de las no-libertades que dejan a la gente pocas opciones y escasas oportunidades para ejercitar su libertad razonada” (Sen, A. 1999; Nussbaum, M, 1988).
Hay cuatro elementos mayores en el concepto de desarrollo humano: la productividad, la equidad, la participación y la sustentabilidad.
(…)
La erradicación de la pobreza es una de las metas fundamentales de la cooperación internacional para el desarrollo. (…) El enfoque de desarrollo humano concibe la pobreza en términos de privación de capacidades, la negación de opciones y oportunidades para vivir una vida satisfactoria (Anand, S y Sen, A 1997).
(…)
Desde el punto de vista ético, la sustentabilidad requiere fundamentalmente voluntad política de las naciones para asumir conjuntamente sus respectivas responsabilidades con un espíritu de solidaridad. La responsabilidad ética no es sólo de los gobiernos sino también del sector privado
y de los individuos. Esto es una cuestión de solidaridad que va más allá de la acción local, un compromiso del individuo con la Tierra, que tiene dimensión internacional y transgeneracional.
(…)
Existen disparidades en el logro de las capacidades básicas y a pesar de que la brecha entre el hombre y la mujer en educación y salud se reducen, hay un desigual acceso a las oportunidades económicas y políticas. Por ejemplo, las mujeres son la mayoría en la pobreza absoluta. La creciente pobreza de la mujer está ligada a su desigual situación en el mercado de trabajo, su tratamiento en los programas de bienestar social y su estatus de poder en el seno de la familia. Tiene más bajo salario para un mismo trabajo que el hombre y trabaja más horas. Las mujeres están más representadas en el desempleo. Y tienen un séptimo de participación en las posiciones de administración y gerencia y solamente el 10% de los escaños en el parlamento y 6% de posiciones en el gabinete de gobierno (UNDP, 1997).
(…)
La desigualdad de la mujer se plantea más allá de las diferencias en términos de bienestar: se plantea en términos de libertades. En la medida en que la mujer no es un recipiente pasivo de condiciones de vida, sino un ciudadano activo, plenamente capaz de ejercer sus derechos, la igualdad de género implica igualdad de derechos. En este sentido importa considerar la libertad de la mujer para decidir su participación en el mercado laboral y ganar un ingreso independiente, el acceso equitativo a la justicia y protección de la ley, los derechos de propiedad y la participación en igualdad de condiciones que el hombre en las decisiones dentro y fuera del hogar, libre de la violencia familiar, así como las libertades que goza de asociación, expresión y de participación política.
(…)
Aquí hay una cuestión ética importante. Si el desarrollo es un proceso de ampliación de las opciones, esta constatación de disparidades de derechos y de oportunidades, evidencia que en el proceso de desarrollo hay una injusticia y que se está vulnerando uno de los componentes básicos del desarrollo humano, que es ver al ser humano como agente de desarrollo. En una situación de discriminación y de desvalorización de la mujer, se aleja para ella la finalidad del desarrollo humano, orientado a que el ser humano llegue a ser un agente creativo, productivo, que disfrute de autorrespeto y sentido de pertenencia a la comunidad.
Finalmente,
Ética por la vida. Elogio de la voluntad de poder
Enrique Leff
La ética es una filosofía de vida, es el arte de la vida; arte y filosofía que no lo son de la vida orgánica, sino de la buena vida, de la calidad de vida, del sentido de la vida. Si la conciencia de la muerte es el límite desde el cual se significa el sentido de nuestra existencia, la sustentabilidad es la marca del límite de la vida en su órbita biosférica. La muerte entrópica del planeta nos vuelve a la búsqueda de las raíces de la vida, a la voluntad de vida, más allá de la necesidad de conservación de la biodiversidad y del principio de supervivencia de la especie humana. La ética de la vida va dirigida a la voluntad de poder vivir, de poder desear la vida, no como simple reafirmación del instinto vital y más allá de la etología del animal humano que se arraiga a la vida, sino como la voluntad de poder vivir con gracia, con gusto, con imaginación y con pasión la vida en este planeta terrenal.
(…)
Toda ética es una ética de la vida. La ética del desarrollo sustentable, más que un “juego de armonización” de éticas y racionalidades implícitas en el discurso del “desarrollo sostenible” (del mercado, del Estado, de la ciudadanía) y de la inclusión del ethos de las diferentes culturas, implica la necesidad de conjugar un conjunto de principios básicos dentro de una ética del bien común y de la sustentabilidad. Y ello lleva a transgredir la ética implícita en la racionalidad económica e instrumental que se ha incorporado en el ser humano moderno y que resultan antitéticas con el propósito de la sustentabilidad. Estas racionalidades se han vuelto irracionales al cristalizar en creencias y conductas irreflexivas y en comportamientos insustentables. La ética debe ser una ética creativa, capaz de reconstruir pensamientos y sentimientos hacia la vida y la buena vida.
(…)
El derecho a la diversidad cultural conduce al establecimiento de Estados pluriétnicos y al reconocimiento de los derechos y culturas indígenas. Pero una ética de la interculturalidad implica abrir los cauces de la diversidad cultural, más allá del derecho a la reproducción y la preservación de sus estilos étnicos de vida, hacia un mestizaje enriquecido de culturas, a través de un diálogo de saberes. Como señala Mignolo (2000), “interculturalidad no es solo ´estar´ juntos sino aceptar la diversidad del ´ser´ en sus necesidades, opiniones, deseos, conocimiento, perspectiva”. En este sentido, la desconstrucción de las ciencias y de las racionalidades dominantes conlleva el propósito de descolonizar el conocimiento como prerrequisito para liberar el pensamiento creativo y dejar fluir la savia del saber que alimenta los procesos de liberación económica y política.
(…)
La ética apela al sujeto individual, pero su destino es el bien colectivo. El bien común se construye en relaciones de otredad; está orientado hacia el porvenir y trasciende de la realidad presente hacia lo que aún no es, a través del reconocimiento de los potenciales de lo real y la creatividad humana. Recupera la autoría, la autonomía y la diferencia como principios de vida.
Contra la idea de que la sociabilidad provendría de la autonomía del sujeto y su capacidad como hablante, Vigotsky planteó que todas las funciones psíquicas superiores surgen de una colaboración social. Más que un precepto ético, la otredad es un fundamento ontológico de lo humano (Lévinas, 1977). La lengua y la facultad del lenguaje no son propiedades individuales, sino que surgen de la sociabilidad originaria del ser humano. La construcción del mito del sujeto individual como principio del habla, del pensamiento, del sentimiento y de la acción nos han hecho olvidar su origen social, y en última instancia la fuente comunal de donde brota la conciencia individual.
(…)
La ética del conocimiento para el desarrollo sustentable es una ética de los límites y del sin sentido a los que ha llegado un modelo de conocimiento construido en la Modernidad, centrado en la visión economicista del mundo, la mercantilización de la cultura, y una ciencia y tecnología concebidos para el dominio de la naturaleza. La ética del saber ambiental lleva a desmontar la epistemología que ha cosificado, objetivado y alienado al mundo y construir un saber emancipatorio que pueda conjugar los la sustentabilidad y la solidaridad; que lleve a una reterritorialización de las ideas originadas en el océano de la complejidad.
Y eso es una cuestión del ser y del tiempo.
(…)
El tiempo abre el porvenir, la posibilidad, lo que aún no es. Y esa potencialidad del ser está más allá del saber. La caricia no sabe lo que busca, dice Lévinas con razón, sabiduría y sensibilidad. Y quizá nunca lo sepa. Pero el gesto y el paso pasajero por sentir la caricia del mundo no podrá darse sin el tiempo que requiere el instante infinito del acercamiento al enigma de la vida.